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El Museo El Museo Etnográfico de Castilla y León surge de la necesidad, propiciada por la Junta de Castilla y León, de crear un centro dinámico que acogiera el enorme y variado patrimonio de la Comunidad vinculado a la tradición, usos y costumbres, sirviendo al mismo tiempo para centralizar el estudio y difusión de las disciplinas científicas que atañen al legado etnográfico [Ley 10/1994, de 8 de julio (BOCyL de 13 de julio de 1994), de Museos de Castilla y León]. Para conseguir esos fines Caja España cede una importante colección de patrimonio material (unas 10.000 piezas) e inmaterial, documentación gráfica y audiovisual. Finalmente, la Junta de Castilla y León promueve la construcción de un edificio en Zamora y tras la creación del nuevo espacio museístico, el primero de ámbito regional, encarga a la Fundación Siglo la gestión del Museo.
Origen del Museo Hacia 1982, la Caja de Ahorros Provincial de Zamora iniciaba, con el asesoramiento y las propuestas de algún especialista, la recogida de objetos dispersos, en su mayor parte piezas de cerámica, y daba inicio a su colección de objetos etnográficos. La vocación inicial de la colección –conformar una colección de alfarería y cerámica popular de la zona- pronto se amplió al más ambicioso terreno de la cultura tradicional del conjunto de la región. Casi una década después, el proceso de fusión de esta entidad con otras de las provincias vecinas dio lugar a Caja España de Inversiones, Caja de Ahorros y Monte de Piedad, hecho que impulsó el carácter regional de la colección también conocida como Fondos Etnográficos de Caja España. La continuada labor de investigación, conservación y divulgación de este patrimonio, junto con el interés recuperado en nuestra Comunidad por la cultura tradicional, hizo cuajar la necesidad de crear el Museo Etnográfico de Castilla y León. A principios de la década de los 90 del pasado siglo, las instituciones públicas de ámbito regional y local, algunos investigadores y estudiosos de la etnografía y los directivos de la entidad financiera llegan a un amplio consenso acerca de la creación del Museo que, en 1998, culmina con la firma del convenio de colaboración entre la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Castilla y León, la Diputación Provincial de Zamora, el Ayuntamiento de Zamora y Caja España. No obstante, la Junta de Castilla y León ya había sentado las bases de este ambicioso proyecto en la Ley de Museos de Castilla y León, aprobada en 1994, y donde se contiene una referencia expresa a la cuestión: “La Administración de la Comunidad Autónoma creará un museo destinado a ser exponente del patrimonio etnográfico de Castilla y León en su sentido más amplio y centro de investigación antropológica y de documentación, conservación y divulgación de los testimonios de la cultura tradicional en el ámbito de la Comunidad Autónoma”.
Ese mismo año, la Junta de Castilla y León convoca el concurso de ideas para las propuestas y el diseño del espacio que albergaría el Museo Etnográfico de Castilla y León. La construcción del edificio tuvo lugar entre 1998 y 2002. A finales de 2002 el Museo abría sus puertas con un proyecto, pensado y dirigido por Joaquín Díaz y Carlos Piñel, que se presenta y propone como línea directriz que marcará la filosofía de la institución. Bajo el título de “ENSERES”, la exposición fue inaugurada por el presidente de la Junta de Castilla y León, don Juan Vicente Herrera Campo, el 19 de diciembre de 2002.
Propósito del Museo El Museo Etnográfico de Castilla y León, en Zamora, quiere contribuir a que los visitantes reflexionen acerca de aspectos que atañen al individuo, a su vida en común y a su habilidad para enfrentarse a los problemas suscitados por el entorno. Para ello se propone una reflexión sobre: El pasado, concebido como un rico patrimonio que desvela el ingenio y los recursos del individuo en su vida cotidiana. Para ello se sugieren cuatro preguntas, correspondiendo cada una de ellas a una planta del edificio, a las que el Museo trata de contestar proponiendo respuestas: 1ª.- Quién es ese individuo. Es decir, cómo ha sido, cómo se ha comportado y cómo ha pensado el ser humano a través de las generaciones: sus creencias, su educación, normas de convivencia y de intercambio, lenguaje y evolución de la cultura. A estas respuestas, distribuidas cada una de ellas en una planta del edificio, se añade una sugerencia, en éste caso de carácter temporal. Una exposición que relacionará al ser humano con los materiales que usó tradicionalmente para los más diversos fines, representados en la primera edición por el barro y la arcilla en su contexto material y simbólico. |